| EL ESPIRITU DE LA SEMANA SANTA
Una invitación a ser auténticos cristianos
Queridos hermanos,
La Semana Santa representa el tiempo culminante del Año litúrgico. Para poder vivir la Semana Santa con intensidad hay que seguir a Cristo no solo en su Resurrección sino también desde su nacimiento, en la presentación del Templo, en los pueblos donde predicaba. Quiere decir todos los días, y de modo especial todos los domingos.
Jesús nos revela el corazón del Padre con su palabra, con los milagros, con su autoridad. Compartir Su muerte, Su dolor, Sus angustias, en una palabra Su Calvario para gozar también de Su luz, de Su paz, de Su Vida es una invitación a ser auténticos cristianos. Por eso la Semana Santa es una invitación, es la Oportunidad de encontrarnos con Jesús, de hablarle, de vivir de su palabra y de compartir su vida, la vida eterna, que empieza aquí en la tierra pero que la vamos a vivir plenamente en el cielo.
Tres pasos de seguir para ser auténticos cristianos
A. Primer paso: vivir la Santa Misa cada Domingo-la Oración
Nuestra vida humana se puede resumir en un cúmulo de encuentros: encuentro con nuestros padres, nuestros hermanos, nuestra familia, nuestros amigos, con la naturaleza, con la mujer para el hombre, con el hombre para la mujer. Los motivos de estos encuentros son diferentes pero nosotros somos únicos. Trabajando seis días el hombre se gana el pan. Pero el Domingo, día del Señor, Dios nos invita a descansar. Por eso tenemos que admirar las maravillas que él creó, la familia que nos regaló.
Son muchos cristianos que han dado la vida para estar con Jesús el domingo: "Sin domingo no puedo" Estas son las palabras de los mártires de Abitine que han dado la vida por vivir la comunión con Cristo en el día del Domingo.
Un motivo más para nosotros los cristianos para vivir el Domingo como el momento del encuentro más importante en nuestra vida: encuentro con Jesús. La Santa Misa es la Oración por excelencia para nosotros los cristianos. Jesús nos invita a escuchar su Palabra, a compartir su Cuerpo y su Sangre; nos quiere comunicar su vida eterna. "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mi, aunque haya muerto, vivirá para siempre. Y todo el que vive y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?"(Juan 11, 25-26) Jesús nos pregunta a cada uno: ¿Crees que Yo he resucitado por ti? ¿crees que todos los domingos te espero para resucitarte? ¿crees que yo soy para ti la vida eterna? Ser mi discípulo, un cristiano autentico quiere decir seguirme todos los días.
La Oración- Eucaristía fortalece nuestra fe, purifica nuestra esperanza y aumenta nuestra caridad. La oración personal prepara este momento de encuentro con Jesús. Sin estas oraciones nos estamos arriesgando a que llegando la Semana Santa estemos detrás de un trono o llevándo sobre nuestros hombros a Alguien (Jesús o la Virgen) que no conocemos porque nunca le hemos escuchado. Podemos llegar a no saber a Quien estamos siguiendo, a no saber en Quien estamos creyendo, en una palabra: a ser personas poco autenticas.
El amor de Dios con nosotros es por excelencia la Eucaristía y la invitación semanal a vivir con El, escuchar su Palabra y compartir su Cuerpo. Si queremos ser dignos de seguir su trono, estar a la altura de representarlo en la calle de Marbella entonces tenemos que decir que creemos en El, en la vida eterna que El nos trajo, no solo una semana al año sino todos los días y cada Domingo en la Iglesia. Una vez que lo hagamos, entonces vamos a recibir de su parte también la autoridad de representarlo como hermano mayor, como cofrade o cristiano marbellero (marbellí) en las calles de nuestro pueblo. Entonces vamos a ser autenticas imágenes de Jesús en el mundo que reflejamos su vida, su amor y su palabra a través de nuestras obras.
B. Segundo paso: llenarme de Dios ayunando de las cosas del mundo
“En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.” (Mensaje de Benedicto XVI de Cuaresma, 2009)
Nos podemos preguntar: el ayuno ¿qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento?
El ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él, renunciar a crearnos necesidades y mirar siempre al bien del alma.
Para fortalecer nuestro espíritu podemos: ayunar de la comida ofreciendo una ayuda a los pobres, renunciando comprar cosas que no son necesarias, renunciando a ver la tele, escuchar la radio, o leer cosas que no nos ayudan en el camino espiritual para darnos la oportunidad de rezar mas y encontrarnos con Dios.
El ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Pero “El verdadero ayuno consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). (Cfr. Mensaje de Benedicto XVI de Cuaresma, 2009)
“La Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2)…Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador….”
En el Pregón pascual escuchamos: “Hacer experiencia del poder de Dios que "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos".
En conclusión podemos decir que la práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a crecer la intimidad con el Señor. …Para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). Asi podremos hacer de nosotros un don total de uno mismo a Dios (cfr. Juan Pablo II, encíclica Veritatis Splendor, 21).
C. Tercer paso: dar de lo que tenemos a los más necesitados -limosna
“¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! lo afirma Jesús de manera perentoria: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13).”(Mensaje de Benedicto XVI para Cuaresma de 2008)
La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. De este modo, a la purificación interior se añade un gesto de comunión eclesial, al igual que sucedía en la Iglesia primitiva.
“Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal (cf. nº 2404).” (Mensaje de Benedicto XVI para Cuaresma de 2008)
Tenemos que evitar que la limosna se transforme en una manera de llamar la atención. Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios, y el verdadero bien de nuestros hermanos, nos dice el Papa Benedicto XVI, no seremos auténticos cristianos “sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la perspectiva evangélica. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros.”
La oración, el ayuno y limosna son prácticas que nos ayudan a los cristianos a ser auténticos seguidores de Cristo, liberando nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios”.
Conclusión
Los cuarenta días de preparación de la Semana Santa son para un cristiano fundamentales para poder entrar en la dinámica pascual. En el mensaje de cuaresma del Santo Padre Benedicto XVI nos dice: “Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo «eucarístico», en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra. De ese modo, contemplar «al que traspasaron» nos llevará a abrir el corazón a los demás, reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; y nos llevará, en especial, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona, y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas.
Que la Cuaresma sea para todos los cristianos una experiencia renovada del amor de Dios que se nos ha dado en Cristo, amor que también nosotros cada día debemos «volver a dar» al prójimo, especialmente al que sufre y al necesitado. Sólo así podremos participar plenamente en la alegría de la Pascua.”(Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2007, “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37)
El ambiente social en el cual vivió Jesús, como los sabemos, no fue acogedor y no aceptó las formas de ver la vida de Jesús. Más aun, esta forma de ver la vida lo ha llevado a la Cruz.La sociedad en la que vivimos no nos ayuda y estimula para seguir los pasos de nuestro Señor, no porque tiene algo contra nosotros. No, por el simple motivo que estas personas no se han encontrado nunca con Jesús, no han tenido la oportunidad de gozar de su misericordia, de su perdón. El autor ruso Dostoievski decía: “Muchas personas quieren ser justas pero no lo son porque ellos mismos en su vida no han gozado de la misericordia de Dios sino de la justicia de los hombres. Y por eso llegan ser injustos.”
Nosotros los cristianos que lo hemos encontrado, que le hemos hablado, podemos ser un signo visible de Jesús en el mundo de hoy con nuestra forma entusiasta de ver la realidad en la cual vivimos: con los pies bien anclados en la tierra pero con el corazón fijos en El, nuestro Señor, nuestra Vida eterna.
Vivir la Semana Santa como miembro de la Iglesia, como miembro de una cofradía, como miembro de un grupo cristiano nos puede favorecer mucho en el dialogo nuestro con Jesús pero no da por supuesto este encuentro. Por eso, queridos hermanos que vais a llevar y seguir el trono de nuestro Señor Jesucristo, como también el de la Virgen María, os deseo que tengáis el mismo Espíritu del Nuestro Señor en la Semana Santa, el Espíritu de humildad, de amor y de entrega a los demás.
Vuestro hermano en Cristo
Don Claudiu Barbut
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