| Queridos padres y madres que asistís hoy a este encuentro: Todos nosotros tenemos en común algo que hace que aunque apenas nos conozcamos podamos sentirnos unidos. Se trata del deseo de que vuestros hijos e hijas hagan su Primera Comunión. Y hoy quisiera aprovechar esta oportunidad que tenemos de estar juntos, para poder compartir con vosotros mis reflexiones, inquietudes e ilusiones. Para ello podemos comenzar por escuchar esta historia. Semillas para hacerlas fructificar Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida, cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: "La Felicidad". Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Y, medio asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: -Por favor, ¿qué venden aquí ustedes? -¿Aquí? -Respondió el ángel-. Aquí vendemos absolutamente todo. -¡Ah! -Dijo asombrado el joven -. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo; muchas toneladas de amor entre los hombres; una gran bidón de comprensión entre las familias; más tiempo de los padres para jugar con los hijos... Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra y le dijo: -Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos, sino semillas. (J. L. Martín Descalzo, Razones para vivir) Al leer esta historia me doy cuenta de la gran oportunidad que representa para todos nosotros esta “semilla” en el contexto de la preparación para la Primera Comunión. Y quisiera que hoy os unierais a mi reflexión y podamos compartir después de unos segundos de silencio, qué es para cada uno de nosotros un sacramento y más en concreto qué es la Eucaristía, y este momento de la Primera Comunión. Ante este encuentro, al pensar en vosotros me surgían muchos interrogantes: “¿Quiénes sois? ¿Qué es lo que de verdad os preocupa? ¿Por qué venís aquí? ¿Buscáis algo?¿el qué? ¿Os importa realmente todo esto? ¿Qué os mueve en vuestras vidas? ¿Qué os hace vivir y morir en el día a día...? ¿Cuáles son vuestras lágrimas, vuestras alegrías, vuestras espinas, vuestras sonrisas, vuestros temores, vuestros amores...? ¿Por qué traéis aquí a vuestro hijo o hija? ¿Quién es Dios en vuestra vida? ¿Os interesa Él realmente? ¿o sólo la comunión de vuestros hijos como algo con lo que hay que “cumplir”?. Y me decía con ilusión, que tal vez a muchos de vosotros os ha sido posible mantener encendida la llama de la fe, y que compartís y celebráis a menudo esta fe con vuestra comunidad parroquial. Y con no menos ilusión pensaba también en aquellos de vosotros a quienes las circunstancias de la vida tal vez os ha ido alejando un poco de todo esto. Veía en la primera Comunión de vuestros hijos una auténtica oportunidad de renovación para vosotros. Una nueva SEMILLA!!!. No quisiera que la preparación y primera comunión de vuestros hijos fueran acontecimientos religiosos que se quedan en fechas; que llegan y pasan sin dejar huella. Y pienso que esto no sucederá si por vuestra parte se da una implicación personal, si estas primeras comuniones llegan a ser más significativas para vosotros que incluso para vuestros hijos. Puede ser una ocasión privilegiada para recordar, o quizás para abrirte por primera vez a “las cosas de Dios” y al mismo Dios. Él quiere servirse de ti para poder cultivar la semilla de la fe en el corazón de tu hijo/a y esto sólo será posible si tú cuidas y cultivas día a día la semilla de tu propia fe. A Dios nunca le conocemos del todo. Y mi deseo es que contéis con esta Parroquia, con sus catequistas y conmigo mismo como medios para poder profundizar en vuestra relación con Él. Con todo mi cariño. Don Claudio Bărbuţ |