Iglesia Sto. Cristo del Calvario

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Obispo de la Diócesis
Mons. Jesús E. Catalá Ibáñez

 

Historia

Mons. Jesús Esteban Catalá Ibáñez nació en Villamarchante, archidiócesis y provincia de Valencia (España) el 22 de diciembre de 1949.

Ingresó a los once años en el Seminario diocesano de Valencia, donde cursó el bachillerato elemental y superior (1961-1967) y los estu­dios eclesiásticos (1968-1974).

Fue ordenado diácono en 1973, ministerio que ejerció durante tres años.

Obtuvo la Diplomatura en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (1973) y la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer”de Valencia (1976).

Recibió la ordenación sacerdotal, el 3 de julio de 1976, siendo nombrado párroco de los pueblos de Rotglá y de la Granja de la Costera. Simultaneó este ministerio con el de profesor de Religión en un Instituto de Enseñanza Media y en el Seminario Menor, en Xátiva.

En 1978 fue destinado a la Delegación diocesana de Pastoral Vocacional, colaborando al mismo tiempo con el equi­po de formadores del Seminario Dio­cesano y con la Delegación diocesana del Clero. Fue profesor de Religión en el Instituto de Enseñanza Media "Luis Vives" de Valencia.

Obtuvo la Licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación (especialidad en Psicología) en la Universidad de Valencia (1981), don­de colaboró en investigaciones publicadas por el Departamento de Historia de la Psicología. Participó en los Congresos Internacionales de Psicología celebrados en Alicante-España (1981) y en Munich-Alemania (1985).

En 1982 fue nombrado párroco de "San Carlos Borromeo" de Albal, colaborando simultáneamente con las Delegaciones diocesanas de Pastoral Vocacional y de Catequesis.

Enviado a Roma para ampliar estudios, residió en el Pontificio Colegio Español de San José y colaboró en la parroquia romana de “San Paolo della Croce". En la Pontificia Universidad Salesiana realizó los cursos de doctorado en Teología Pastoral y Catequética (1984-1986).

Participó como asistente de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos (Vaticano) en la Asamblea Extraordinaria de 1985, colaborando a tiempo parcial hasta 1986 y desde 1987 como Oficial de dicha Secretaría.

Desde entonces, y hasta su nombramiento episcopal, participó en todas las Asambleas sinodales: sobre los Laicos (1987); sobre la Formación sacerdotal (1990); para Europa (1991); para África (1994); sobre la Vida consagrada (1994); para el Líbano (1995). Ha publicado varias colaboraciones y artículos sobre temas sinodales y dado diversas conferencias sobre estos temas.

En 1996 obtuvo el Doctorado en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con una tesis sobre el análisis de revista “Concilium”.

Ha acompañado al Santo Padre en tres viajes apostólicos a África: Costa de Marfil (1990), Angola (1992) y Uganda (1993).

El 4 de agosto de 1993 fue nombrado Capellán de Su Santidad.

El 25 de marzo fue nombrado obispo titular de Urusi y auxiliar del Arzobispo de Valencia, siendo ordenado el 11 de mayo de 1996 en la catedral de Valencia (España).

El 27 de abril de 1999 fue nombrado Obispo de Alcalá de Henares.

En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión episcopal de Relaciones Interconfesionales (1996-1999), de la de Seminarios y Universidades (1999-2002), de la Doctrina de la Fe (2002-2005) y de la de Enseñanza y Catequesis (1996-2005).

Desde 2005 es Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral y miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española.

El 10 de octubre de 2008 es nombrado Obispo de Málaga, tomando posesión el 13 de diciembre de ese año.

 

 
Escudo Episcopal

Escudo episcopal Mons. CataláEl escudo está dividido en dos partes: la superior, de doble tamaño, en campo de oro con una cruz latina de color rojo púrpura; la parte inferior o punta es de color azul oscuro con un sol de oro y una luna creciente de plata. Los colores de fondo de ambas partes, azul y oro, corresponden a los escudos paterno y materno, respectivamente.

La cruz latina en color rojo representa a Jesucristo, que con su muerte y resurrección ha traído la salvación a todos los hombres. Hace referencia a la imagen del Cristo de la Salud, venerado en Villamarchante.

El sol naciente tiene varios significados: en primer lugar, está referido a Jesucristo, “cuyo nombre es Oriente, que fue hecho mediador entre Dios y los hombres”, verdadero sol de justicia que no conoce el ocaso, luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo y a cuya luz estamos todos llamados a caminar

La luna creciente simboliza también varias realidades: en primer lugar, significa la Iglesia, continuadora de la obra de Jesucristo, de quien recibe la luz; en segundo lugar, está referida a la presencia de la Virgen María en la Iglesia, puesta entre el sol y la luna, “mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies”; en tercer lugar, quiere simbolizar también los hombres del Medio Oriente y Occidente, con sus respectivas creencias. Finalmente, hay también una referencia a Villamarchante, mi pueblo natal, en cuyo escudo se encuentra la luna.

"Ut unum sint". El lema lo había intuido desde el primer momento como una frase evangélica y concretamente del Evangelio de San Juan. Tal vez la experiencia de las Asambleas especiales del Sínodo de los Obispos (Europa, Africa y Líbano) en las que había participado y la preparación de las próximas (América, Asia, Oceanía) me habían sensibilizado al problema del ecumenismo y del diálogo interreligioso, en la perspectiva del Gran Jubileo del Año 2000. El mismo Santo Padre, Juan Pablo II, proclamaba, años después, esta llamada a la unidad en su encíclica “Ut unum sint”, del 25 de mayo de 1995, sobre el empeño ecuménico.

Mi lema “UT UNUM SINT”, tomado de la oración sacerdotal de Jesús (cf. Jn 17, 21), quiere expresar el deseo del Señor y su llamada a la unidad de los cristianos. A todos ellos debe llegar la buena nueva de la salvación.

 

 
Cartas Pastorales

Apóstol por gracia de Dios

Carta del Sr. Obispo con ocasión del Día del Seminario
22/03/2009

Cuando el Señor envió a sus discípulos, de dos en dos, delante de sí a todas las ciudades y lugares a donde él había de ir, les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10, 2). Cumpliendo este mandato de Jesús, queremos intensificar nuestra oración suplicante, para que él envíe trabajadores a su mies.

Hacemos esta petición durante todo el año y de muchas maneras: en las oraciones de los fieles de la Misa, en el rezo de las Laudes o Vísperas, en los ratos de adoración eucarística y en tantos otros momentos de la vida cotidiana de piedad. Son muchos los enfermos y las personas mayores que ofrecen sacrificios y oraciones por esta hermosa intención.

Pero la Iglesia nos ofrece una jornada especial, para que nos acordemos de esta necesidad y dirijamos a Dios nuestras súplicas, pidiéndole que nos conceda sacerdotes santos. Toda la comunidad diocesana estamos convocados a celebrar el DÍA DEL SEMINARIO, en la jornada del domingo 22 de marzo.

El Seminario diocesano de Málaga fue creado en 1597, hace ya 412 años. Desde entonces ha sido la institución que ha ido formando a nuestros sacerdotes. Muchos jóvenes de vuestras familias se forjaron allí como cristianos comprometidos y hombres responsables ¡Cuántos buenos pastores, que aprendieron arrodillados a los pies del Sagrario en la capilla del Buen Pastor, han llevado el mensaje del Evangelio a todos los barrios, pueblos y campos de nuestra Diócesis! ¡Cuántos sacerdotes se han formado en esta casa!

Tenemos mucho que agradecer al Señor y aprovechamos esta ocasión para hacerlo. Entre las muchas buenas cosas que he encontrado al llegar a esta Diócesis, el Seminario ocupa un lugar importante. Doy gracias a Dios por ello y por la espiritualidad sacerdotal que rezuma el presbiterio diocesano, heredero del ejemplo y del magisterio del beato obispo don Manuel González, que marcó una impronta sacerdotal de oración profunda y de generosa entrega.

Él puso todo su anhelo de pastor, para que se dieran en el Seminario la certera “siembra de jóvenes de corazón, cabeza y padres buenos”; y la buena “cosecha de sacerdotes que salven a las almas y hagan felices a los pueblos”. Este deseo se hace realidad con la ayuda del Señor y con la cercanía, el cariño y la colaboración de todos vosotros.

El Seminario diocesano es una importante institución diocesana, que todos debemos cuidar con esmero. Me alegra saber que en la Diócesis malacitana se habla de nuestro Seminario, expresando, de este modo, el afecto y la preocupación de todos por el Seminario. Todos vosotros, sacerdotes y demás fieles, sentís como vuestro y como propio el Seminario.

Este cariño viene expresado de múltiples formas: En la preocupación constante de todos los fieles por los seminaristas, tanto del Seminario Mayor como del Menor; en la oración constante, comunitaria y personal, por las vocaciones al sacerdocio; en la cercanía de todos los sacerdotes; en el interés de tantos catequistas, educadores y profesores de Religión, para que sus alumnos puedan conocer el Seminario y estén abiertos a la posible llamada del Señor; en la misma colecta económica, que se hace para sufragar los gastos necesarios; y en otros muchos hermosos detalles.

El lema de la presente Jornada viene dado por la celebración del Año Paulino. Pablo de Tarso fue llamado por Dios para predicar el Evangelio a sus contemporáneos. Él, hombre lúcido y sensato, se consideraba «el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15,9). Pero, tras su encuentro con el Señor resucitado, se convirtió en el gran apóstol de las gentes y se dejó guiar por el Espíritu de Dios (cf. Rm 8,14), convirtiéndose en un hombre nuevo y apasionado por el Evangelio, llegando a exclamar: «¡Ay de mí si no evangelizo!» (1 Co 9,16).

Pablo, santo que nos orienta este año, se sabe “Apóstol por gracia de Dios”: así reza el lema para el día del Seminario.

Pidamos al Señor que las personas que reciban la llamada al sacerdocio sepan escucharla y seguirla. Hagamos nuestras las palabras de Benedicto XVI a los jóvenes en el encuentro de Asís: “Si el Señor llamara a alguno de vosotros a este gran ministerio, o a alguna forma de vida consagrada, no dudéis en decirle "sí". No es fácil, pero es hermoso ser ministros del Señor, es hermoso gastar la vida por él” (Basílica Santa María de los Ángeles-Asís, 17.VI.2007).

Pidamos al Señor por los jóvenes de nuestras parroquias, grupos, asociaciones, movimientos, para que tengan un corazón grande y sanos ideales de entrega y generosidad; para que puedan descubrir su vocación cristiana; para que aprecien la vocación sacerdotal como un regalo de Dios; para que puedan discernir, con la ayuda de otras personas, si el Señor los llama para ser sacerdotes en el mundo de hoy y tengan fuerza para responderle con fidelidad.

Pidamos por nuestros seminaristas, para que, dejándose guiar por el Espíritu de Dios, se conviertan en hombres nuevos, en apóstoles apasionados por llevar el mensaje de la salvación al corazón de todos los demás.

Pidamos a Dios por nuestra propia familia y por todas las familias, para que comprendamos que un hijo sacerdote es una gracia de Dios, una bendición del cielo, y facilitemos el nacimiento y el seguimiento de la vocación sacerdotal en el ambiente familiar.

Colaboremos todos, de la manera en que cada cual pueda, con nuestro Seminario diocesano: es gracia del Señor para toda la Diócesis.

Como pastor de la Diócesis me uno la oración de todos vosotros; y ponemos juntos nuestro Seminario en manos de María, la Madre, la Virgen de la Victoria: Ella guiará a quienes se preparan para sacerdotes – apóstoles por gracia de Dios- por el camino de su Hijo.

A todos os agradezco vuestra ayuda y vuestra oración.

¡Que el Señor os bendiga!

+ Jesús Catalá,
Obispo de Málaga


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