"Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" (Juan 11, 25-26)
¡Cristo ha resucitado! Aleluya
Queridos hermanos:
Las palabras de Jesús: Yo soy la resurrección y la vida" se cumplen hoy en nuestra vida. El acontecimiento cósmico de la cruz y la muerte de Cristo, se convierte en fuente de vida eterna y nos envía a todos en la órbita de la vida eterna en la cual se pueden mantener los que están atraídos de la fuerza de gravedad de la fe en Cristo resucitado.
Desde hoy nuestra vida está fuera del alcance de la fuerza de gravedad de la muerte y del mal, porque está sostenida y atraída por la nueva fuerza de gravedad de Dios, de la verdad y del amor. Desde la resurrección de Cristo la gravitación del amor en nuestra vida es más fuerte que la del odio; la fuerza de gravedad de la vida es más fuerte que la de la muerte. La mano salvadora del Señor nos sujeta, y nos transforma en ciudadanos del cielo. Por la misma fuerza del Señor resucitado nuestros fracasos, nuestras desilusiones, nuestras amarguras son iluminados por la esperanza de la vida eterna que nos hace ver nuestra vida con los ojos de Dios.
Sólo creyendo en la Resurrección podemos recorrer de manera sensata el camino de la cruz de nuestra propia vida. El acto de amor de la cruz confirmado por el Padre y la luz fulgurante de la resurrección, lo envuelve y lo transforma todo.
Solo si nos dejamos iluminados y penetrados por la fuerza del amor que nace en la cruz podremos gozar de la luz de la resurrección, y así podremos descubrir en propia vida que de la traición puede nacer la amistad, de la renegación el perdón, del odio el amor".
Concédenos, Señor, llevar con amor nuestra cruz, nuestras cruces cotidianas, con la certeza de que éstas están iluminadas con el fulgor de tu Pascua. Cristo ha resucitado y nosotros resucitaremos con El.
Cristo resucitado, resplandeciendo de hermosura por la divinidad y la fuerza de la vida eterna, le conceda a Usted y a todos sus familiares los dones pascuales del amor y de la paz.
Su hermano en Cristo
Don Claudiu Barbut
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